Soy un nervio flotando en la negrura,
un hilo de conciencia suspendido,
desnudo ante la vasta arquitectura.
Soy tan solo el temblor desposeído,
el pulso breve que en la sombra oscila,
un soplo frágil en el aire herido.
El universo observa y me calcina,
me deja ser temblor en su mirada,
me ofrece oscuridad como pupila.
Estoy a veces tan desamparada,
que el frío cósmico me desintegra,
mas una sombra tenaz me da morada.
No hay muro entre su furia y mi entrega;
me atraviesan la luz y la tormenta
y aún así, su silencio me congrega.
Quizá el amor del todo se sustenta
de mi temblor, de mi respiración,
del nervio vivo que en su cuerpo tienta.
Y así comprendo en honda comunión
que soy su forma de saberse herido,
la voz con que se nombra en la extinción.
— Fátima Vázquez
un hilo de conciencia suspendido,
desnudo ante la vasta arquitectura.
Soy tan solo el temblor desposeído,
el pulso breve que en la sombra oscila,
un soplo frágil en el aire herido.
El universo observa y me calcina,
me deja ser temblor en su mirada,
me ofrece oscuridad como pupila.
Estoy a veces tan desamparada,
que el frío cósmico me desintegra,
mas una sombra tenaz me da morada.
No hay muro entre su furia y mi entrega;
me atraviesan la luz y la tormenta
y aún así, su silencio me congrega.
Quizá el amor del todo se sustenta
de mi temblor, de mi respiración,
del nervio vivo que en su cuerpo tienta.
Y así comprendo en honda comunión
que soy su forma de saberse herido,
la voz con que se nombra en la extinción.
— Fátima Vázquez